sábado, 10 de julio de 2010

Máster en amor a Dios



Es éste el único “título” con garantía de éxito para comunicar el Evangelio. Una persona verdaderamente entregada a Dios es la que puede dar a Dios a los demás, porque nadie da de lo que no tiene. Que, además, se trata de una persona adornada con talento, simpatía y otras virtudes, pues, mejor. Pero que no falte lo primero, porque faltaría lo esencial.

Dicho máster es el que tenía el Santo Cura de Ars, por ejemplo. Y arrasaba. No era considerado brillante en el humano saber, pero poseía la verdadera sabiduría. Y es hoy el patrón de todos los sacerdotes del mundo, desde los más aventajados intelectualmente, que desarrollan ese talento en universidades y cátedras, hasta los que dedican su vida sacerdotal de una manera sencilla en el pueblo más pequeñito o en el territorio misional más extenso.

Este máster en amor a Dios y su eficacia probada también se encuentra entre los laicos. Recuerdo con admiración – ya que he hablado de los pueblos pequeñitos – al sacristán que yo tuve en mi primer destino como sacerdote. Fui, durante dos años, cura “cuatrimotor”. Así se denominaba simpáticamente al cura que atendía cuatro pueblos; todos pequeñitos. La mayoría de los feligreses eran labradores. Yo, a mis veinticuatro años, iba con muchas ganas de evangelizar y de atraer a la Iglesia a los más alejados. Cuando la ocasión se ofrecía y salía el tema de Dios, trataba de hacer llegar a aquella gente sencilla las razones de nuestra fe. Me llevaba más desilusiones que ilusiones. Sin embargo, asistí un día a una conversación entre el sacristán citado y aquél que tenía fama del más ateo del pueblo. Éste le decía: “el cura no me convence”. El sacristán le contestaba: “Pues tiene razón cuando te dice que Dios existe. Mira: nosotros somos labradores, ¿no? Cuando a uno le viene bien que llueva, a lo mejor al otro no, porque tiene diferente siembra. Si dependiera de nosotros decidir cuándo ha de llover, estaríamos siempre peleados. Así que TIENE QUE HABER ALGUIEN que diga: “ni para ti, ni para ti. Lo que diga yo. La lluvia la mando yo. Pues ése es Dios.” Este hombre no había estudiado teología; apenas sabía leer ni escribir, pero tenía el máster en amor a Dios. Y ¡ya lo creo que fue eficaz su apostolado!

Igualmente admirable es el máster en amor a Dios de muchas religiosas ancianas que han vivido y viven su consagración a Dios con una alegría realmente contagiosa. Aunque ahora apenas puedan moverse. Pero las ves siempre con el rosario en la mano o con la sonrisa de gozo en su rostro cuando les cuentas tus andanzas apostólicas.

Y es que la Evangelización es cosa de los sencillos y humildes. Todos tenemos que evangelizar, luego, todos – independientemente de su estado de vida en la Iglesia – tenemos que ser sencillos y humildes, adquirir, sobre todo lo demás, ese máster en amor a Dios.

viernes, 9 de julio de 2010

Dios está siempre cerca de todos y nos ama en Cristo, recuerda el Papa Benedicto

VATICANO, 07 Jul. 10 / 09:42 am (ACI)

En la Audiencia General de este miércoles celebrada en el Aula Pablo VI, elPapa Benedicto XVI dedicó su catequesis a hablar sobre el beato Juan Duns Scoto, de quien dijo se puede aprender que lo esencial en la vida es "creer que Dios está cerca de nosotros y nos ama en Cristo Jesús, y cultivar, por tanto, un profundo amor a Él y a su IglesiaDe este amor somos testigos en esta tierra".
Este beato, nacido probablemente en 1266, en un pueblo de Escocia llamado Duns, entró en los franciscanos menores y fue ordenado sacerdote en 1291. "Por su inteligencia brillante se le conoce con el nombre de ‘Doctor sutil’. Enseñó teología en las universidades de Oxford, Cambridge y París. Decidió abandonar Francia por fidelidad al Papa Bonifacio VIII, en su disputa con el rey Felipe IV el Hermoso. En 1305 regresó a París para enseñar teología y posteriormente ejerció su magisterio en Colonia, donde falleció en 1308".
"Con motivo de la fama de santidad de la que gozaba, su culto se difundió enseguida en la orden franciscana y el Venerable Juan Pablo II lo declaró beato el 20 de marzo de 1993, definiéndolo ‘cantor del Verbo encarnado y defensor de la Inmaculada Concepción’. En esa expresión se sintetiza la notable aportación que Duns Escoto ofreció a la historia de la teología".
El Santo Padre explicó que "Duns Escoto, aun consciente de que, a causa del pecado original, Cristo nos ha redimido con su pasión, muerte y resurrección, subraya que la Encarnación es la obra más grande y más hermosa de toda la historia de la salvación, y que no está condicionada por ningún hecho contingente".
"Fiel discípulo de San Francisco, a Duns Escoto le gustaba contemplar y predicar el misterio salvífico de la Pasión de Cristo, expresión del amor inmenso de Dios", que "se revela no solamente en el Calvario, sino también en la Sagrada Eucaristía, de la que era muy devoto".
Benedicto XVI resaltó que "esta visión teológica, fuertemente ‘cristocéntrica’, nos abre a la contemplación, al asombro y a la gratitud: Cristo es el centro de la historia y del cosmos, es aquel que da sentido, dignidad y valor a nuestra vida".
Refiriéndose a las reflexiones del beato escocés sobre la Virgen, el Papa señaló que frente a la mayoría de los teólogos de la época, que se oponían a la tesis de que "María Santísima fuese libre del pecado original desde el primer momento de su concepción", Scoto expuso un argumento; el de la "redención preventiva", según la cual "la Inmaculada Concepción es la obra maestra de la Redención realizada por Cristo, porque precisamente la potencia de su amor y de su mediación hizo que la Madre fuese preservada del pecado original. Los franciscanos acogieron y difundieron con entusiasmo esta doctrina, y otros teólogos –a menudo con un juramento solemne– se comprometieron a defenderla y a perfeccionarla".
El Santo Padre recordó que Duns Escoto también desarrolló "el tema de la libertad y de su relación con la voluntad y con el intelecto". En este contexto, afirmó que "una idea de la libertad innata y absoluta –como se desarrolló sucesivamente al beato–, situada en la voluntad que precede al intelecto, tanto en Dios como en los seres humanos, puede conducir a la idea de un Dios que no está relacionado ni siquiera con la verdad y el bien".
"La libertad –prosiguió– es real y ayuda a construir una civilización verdaderamente humana, cuando se reconcilia con la verdad. Si se desliga de la verdad, la libertad se convierte trágicamente en principio de destrucción de la armonía interior de la persona humana, fuente de abusos de los más fuertes y de los violentos, y causa de sufrimientos y de lutos. La libertad crece y se perfecciona, según Duns Scoto, cuando el hombre se abre a Dios. Cuando escuchamos la revelación divina, la Palabra de Dios, para acogerla, entonces recibimos un mensaje que llena de luz y de esperanza nuestra vida y somos verdaderamente libres".
Benedicto XVI concluyó la última catequesis hasta el próximo 4 de agosto ya que hoy se dirige a la residencia pontificia de Castelgandolfo donde no habrá audiencias generales, subrayando que "el beato Duns Escoto nos enseña que en nuestra vida lo esencial es creer que Dios está cerca de nosotros y nos ama en Cristo Jesús, y cultivar, por tanto, un profundo amor a Él y a su Iglesia. De este amor somos testigos en esta tierra".
En su saludo en español, el Santo Padre se dirigió en particular "a los fieles de la Parroquia de la Inmaculada Concepción de Mengíbar, a los componentes de la Escolanía de la Santa Iglesia Catedral de Jaén, así como a los demás grupos venidos de España y Latinoamérica. Siguiendo a Juan Duns Escoto, os invito a custodiar como un tesoro la fe en Cristo y la comunión con el Sucesor de San Pedro. Muchas gracias".
Antes de la audiencia general, el Papa bendijo una estatua en mármol de San Aníbal María de Francia (1851-1927), fundador de la Congregación de los Padres Rogacionistas del Corazón de Jesús y de las Hijas del Divino Celo, que se ha colocado en una hornacina cerca del Arco de las Campanas.

jueves, 8 de julio de 2010

¿Qué es el Zen?




Maestro Zen Seung Sahn





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El Zen es muy simple...¿Qué eres? Por todas partes cada uno busca la felicidad fuera, pero nadie entiende su verdadero ser en su interior.



Todo el mundo dice: "Yo. Yo quiero esto, me gusta eso..." Pero nadie entiende este "Yo." Antes de que nacieras, ¿de dónde viniste? Cuando mueras, ¿a dónde irás? Si te preguntas sinceramente, "¿Qué soy?" tarde o temprano toparás con un muro en el que todo pensamiento es cortado. Llamamos a esto "No-sé"



El Zen es mantener esta mente "No-sé" siempre y en todo lugar.



Al caminar, permaneciendo de pie, sentado,

tumbado, hablando, permaneciendo

en silencio, moviéndote, estando tranquilo.

En todo momento, en todo lugar, sin

interrupción : ¿Qué es esto?

Una mente es infinitos kalpas.



La meditación en el Zen significa mantener una mente "No-sé" al postrarte, al cantar y sentarte Zen. Esta es la práctica Zen formal. Y cuando hagas algo, solamente hazlo. Cuando conduzcas, sólo conduce; cuando comas, simplemente come; cuando trabajes, sólo trabaja.

Finalmente tu mente "No-sé" se volverá clara. Entonces puedes ver el cielo, sólo azul. Puedes ver el árbol, sólo verde. Tu mente es como un espejo claro. Rojo viene, el espejo es rojo; blanco viene, el espejo es blanco. Una persona hambrienta viene, puedes darle de comer; una persona sedienta viene, puedes darle algo de beber. No hay deseo para mí mismo, solamente para todos los seres. Esto es lo que llamamos Gran Amor, Gran Compasión, el Gran Camino del Bodhisattva. Es muy fácil, no es difícil.



Así que Buda dijo que todos los seres tienen la naturaleza Búdica (naturaleza iluminada). Pero el Maestro Zen Joju dijo que el perro no tiene naturaleza Búdica. ¿Cuál de los dos es correcto? ¿Cuál de los dos está equivocado? Si encuentras esto, hallarás el verdadero camino.









Traducido por Eduardo del Valle Pérez





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